El conejo de la suerte - apuestas y Cartoons

Por: Tomás Eliaschev

Por estos días todos hablan de Bugs Bunny y de sus amigos. No sólo porque el presidente electo de la Argentina Alberto Fernández dijo hace un tiempo que era un “estafador”, símbolo de la “posmodernidad” y del “individualismo”, sino porque en el mundo entero crece la expectativa por el comienzo del rodaje de Space Jam 2, la secuela de la película de los ´90. Esta vez, en lugar del astro de los Chicago Bulls Michael Jordan, la estrella del baloncesto que protagonizará el filme es Lebron James, la superestrella de Los Angeles Lakers. Nuevamente disfrutaremos del maridaje entre animación y las figuras de la NBA. Pero si hablamos del conejo de la suerte tenemos que detenernos en su relación con las apuestas. Como no podía ser de otra forma, Bugs –además de ser un maestro del disfraz y la primera drag queen de los dibujitos animados– es un gran jugador. Un repaso por algunos capítulos paradigmáticos nos permitirá entender porqué.

Link de video: El Rufían https://www.dailymotion.com/video/x3hvogd

En “Bowery Bugs” (El conejo de Bowery) de 1949 nuestro conejo comparte escena con un personaje llamado Steve Brodie, basado en el corredor de apuestas que en 1886 se hizo célebre por apostar que se tiraría desde el puente de Brooklyn para saldar las deudas de juego que había adquirido. El título hace referencia a la mítica zona de Manahattan al sur, entre Chinatown y Little Italy, donde solía reinar la marginalidad y que -gentrificación mediante- se transformó en un lugar cool. En el episodio, Brodie le dice al conejo que necesita su pata para mejorar su suerte, pero rápido de reflejos, Bugs lo manda a hablar con un adivinador, que resulta él mismo disfrazado con un turbante en la cabeza. Lo convence de que va a conocer alguien que le hará cambiar su suerte: un hombre con un clavel. Otra vez, Bugs muestra su versatilidad. Deciden jugar craps, o sea a los dados o pase inglés. Tira el conejo y el dado cae en el 7. Brodie echa serpientes por los ojos, pero el juego es más fuerte. Prueba suerte con una slot machine o tragaperras. Parece que en esta oportunidad el azar esta de su lado, ya que le salen tres veces la misma imagen: un limón. Pero la máquina no le da monedas ni fichas, sino que le da –literalmente- tres limones. Las alocadas aventuras prosiguen con Bugs vestido de mujer y de policía. Y terminan con Bovery enloquecido arrojándose por el puente. El conejo, por su parte, le vendé a un misterioso barbudo de carnaval nada más y nada menos que el puente de Brooklyn.

Bugs Bunny Apostando

De Nueva York nos trasladamos al sur estadounidense. Ahí está situado “Mississippi Hare” (Liebre del Mississippi). Antes de seguir, hay que puntualizar que así como es ambiguo el género de Bugs también es confuso si se trata de una liebre o un conejo. En este capítulo, también de 1949, Bugs se queda dormido en un campo de algodón. Su rabo algodonoso hace que un trabajador se confunda: lo empacan y lo suben a un típico barco a vapor llamado Southern Star (La estrella sureña) para surcar el caudaloso río de aguas marrones. Disfrazado de distinguido caballero para no ser tirado por la borda por polizón, en vez de relajarse y disfrutar el viaje, se busca un contrincante. Mejor dicho, esa es su forma de gozar el paseo fluvial: enfrentarse al Coronel Shuffle, un apostador neurótico que se parece mucho al bigotudo Yosemite Sam y que hace su aparición a los tiros, echando a los demás jugadores del casino del barco porque uno de ellos le ganó al póker. Bugs, que no le teme a nada, acepta ser su único contrincante. Empiezan con una apuesta de cien dólares, que alcanza solo para media ficha blanca. El tramposo Shuffle tiene una mano de cinco aseses. Bugs lo supera con seis ases. La acción desenfrenada prosigue: el estafador estafado se quiere vengar. Pero una y otra vez cae al río. Para escabullirse, Bugs vuelva a ser una drag muy sensualUn pasajero quiere defenderla de Shuffle pero cuando se da cuenta que debajo del vestido tiene un rabo entra en shock y se tira al agua. “Oh bueno, casi tenemos un final romántico”, se lamenta Bugs. Este capítulo es uno de los que tiene partes censuradas por contendidos discriminatorios hacia los afroamericanos y por su violencia extrema. Las partes del juego, por suerte se pueden ver enteras.

Video Mississippi Hare (Liebre del Mississippi)

Ver video completo: https://www.dailymotion.com/video/x5c0bhk

En “Barbary-Coast Bunny” (El conejito de Barbary-Coast) (video: https://www.dailymotion.com/video/x2izol2), de 1956, nuevamente aparece la temática del juego. En este capítulo, mientras Bugs viaja bajo tierra por sus misteriosos túneles, se topa con una roca de oro puro. Esta en medio de la nada pero aparece un maleante llamado Nasty Canasta, que finge poner un banco y termina robándose el material precioso. El conejo jura venganza. A los seis meses tiene la oportunidad cuando viaja a San Francisco y se encuentra con que el ladrón se puso un casino en Barbary-Coast, el barrio que nació con la Fiebre del oro californiana y que concentraba los salones, burdeles y casas de apuestas. Era el distrito rojo, asociado con el juego y la prostitución. En su casino, Canasta estafa a todo el mundo de forma desvergonzada. Bugs se hace pasar por un esperanzado e ingenuo muchacho campechano que confunde una tragaperras con “uno de esos ultramodernos tele-o-fonos”. Cuando lo usa, supuestamente para llamar a su madre para pedirle dinero, se saca el premio mayor y salen tantas monedas que termina cubierto de ellas. El ladrón lo convence de quedarse y jugar a las canicas. En realidad, es a la ruleta. Para ganarse la confianza de quien debería su víctima, se deja ganar en la primera vuelta. Pero Bugs entra en una racha imparable. Canasta trata de hacer trampa, pero nuevamente Bugs se impone. Desesperado, el dueño del casino lo convence de intentar jugar a las cartas. Una vez más, el conejo finge ignorancia. Y le termina ganando la mano con un póker (“un par de unos y otro par de unos”, dirá Bugs en plan hacerse el tonto), versus el full house de Canasta. Con la banca del casino irreparablemente quebrada, Canasta decide robarle a punta de pistola. Bugs sigue jugando. Hace girar el tambor del revolver como si fuera una tragaperras. Su suerte no para porque de ahí siguen saliendo monedas. Su contrincante quiere hacer lo mismo y termina pegándose un tiro en la cara. Posteriormente, esta escena fue censurada. Bugs cierra con una de sus frases célebres: “La moraleja de esta historia es ‘no intentes robarle zanahorias a ninguna conejo”, aunque este sea uno de los pocos capítulos donde no aparece mordisqueando su alimente característico.

Bugs Bunny Traga Monedas

Tres años después se estrenó “Wild and Woolly Hare” https://www.dailymotion.com/video/xcczyr (Liebre salvaje y lanuda), que comienza con una escena donde unos cowboys juegan al póker en un saloon hasta que llega Yosemite Sam, el archienemigo de Bugs. Uno de esos vaqueros es el conejo. Ahí comenzará el típico minué donde el petiso bigotudo lleva siempre las de perder.

Mucho más cerca en el tiempo, este par de antagonistas vuelve a protagonizar un dibujito vinculado al juego. Es “Hare and Loathing in Las Vegas”  (Liebre y locura en Las Vegas), de 2004, que en su título parodia el libro de Hunter Thompson, Fear and Loathing en Las Vegas (Pánico y locura en Las Vegas). En este episodio, Bugs está tranquilo en su vivienda, es decir su agujero, cuando llega Sam y construye un casino encima. Entonces al conejo no le queda otra que probar suerte. Ante cada juego que encara (Blackjack, ruleta, tragaperras) nunca pierde. Cuando se retira, ganá un total de U$S 8,042,123,297.55. Sam monta en cólera cuando se da cuenta que en el casino no se permiten medallas de la suerte, tréboles de cuatro hojas, herraduras o patas de conejos. Se siente estafado. Comienza la cacería hasta que el conejo es arrinconado con la represa de Hoover detrás. Justo en ese momento, aparece una máquina tragaperras. Sam la usa para jugar su último centavo. Esta vez pareciera que tienen suerte pero en la pantalla se lee H20. Se abre la represa y el hombre del bigote y el gatillo fácil queda tapado por la avalancha de agua. El capítulo termina con el clásico “te odio, conejo”. Todo lo contrario de lo que sucede en la ciudad del juego, y en el mundo de las apuestas, donde Bugs Bunny es uno de los ídolos más aclamados. Por esta vez, podemos decir que “esto es todo amigos”.

Video: Hare and Loathing in Las Vegas (Liebre y locura en Las Vegas)

Nota escrita por Tomás Eliaschev quien es periodista, y además experto en historia de dibujos animados, cartoons, y análisis de la historia de dicha industria. Podés seguir a Tomás y comentar sobre esto y mucho más siguiendolo en twitter